TRANCE: Lo último de Danny Boyle

Simon trabaja como subastador de objetos de arte y se alía con una banda de ladrones profesionales para robar un cuadro de Goya, valorado en millones de dólares. Pero tras realizar el atraco y recibir un fuerte golpe en la cabeza, ya no recuerda dónde ha escondido el lienzo. Tras ser torturado por sus compañeros y ver estos que no consiguen nada con ello, deciden contratar los servicios de una hipnoterapeuta para sacar ese pensamiento perdido en la mente de Simon.

Un planteamiento interesante, ¿verdad?... Pues así comienza...


Danny Boyle, nacido en Inglaterra en 1956, es un cineasta al que le gusta sorprender y experimentar. Como muestra de ello, ahí está su refrescante y extraña filmografía: Trainspotting (1996), La Playa (2000), 28 días después (2002), Sunshine (2007), Slumdog Millionaire (2008), 127 horas (2010)...

Boyle siempre intenta cambiar de género y de estilo en cada nuevo proyecto que afronta, arriesgando mucho más que otros directores que tienden a "enviciarse" en lo mismo. En Trance vuelve a dar otro paso en esto de "autoinventarse" para ofrecer al espectador un thriller psicológico, lleno de suspense y giros inesperados.

La película está bien y resulta muy entretenida (si os sirve de algo, yo no me revolví en la butaca del cine y la mujer disfrutó del film), pero no deja de ser un ejercicio superficial que busca sorprender al espectador de forma fácil, con giros y planteamientos muy artificiales y sin meterse en muchos berenjenales profundos.


Y es que Trance no es un metraje que te arrastre desde el principio hasta el final... Trance tiene unos planteamientos que te ves "obligado" a creer desde un principio (aunque resulten artificiales) si es que quieres "entrar" en la atmósfera que te ofrece Boyle. Si no lo haces, olvídate de pasarlo bien.

¿Pero se disfruta de la película?... Sí, aunque no de un modo natural, sino forzado...

A mí no es que me encante este planteamiento, pero desde los primeros planos del film, Boyle se encarga de machacarme esta idea.. Así que entro en su juego porque él me lo dice (y no porque yo quiera)... Vamos, es como si estoy tragándome el último bodrio peliculero de unos chicos guays con sus bugas "tuneaos", haciendo piruetas imposibles (generadas por ordenador) y digo que esas maniobras al volante no hay quien se las crea: ¡O entras, o no entras en el film! (te guste, o no)... Pero si no entras, prepárate para aburrirte...

Boyle maneja bien el suspense en Trance, realizando giros en la trama y dejándonos pistas con cuentagotas que terminan por desembocar en el giro final del film que, aunque pueda sorprender (a mí, no mucho), tiene su lógica... Y aunque en este final deja ciertos cabos sueltos (que afectan a nuestra percepción, avisándonos de que lo que estamos viendo no es factible), tampoco es que enturbien tanto la película.

Se hecha de menos un poco más de "realismo" en la película, pero bueno... Se supone que estamos viajando por los recuerdos de la mente de un individuo, ¿no?... Eso no debe ser muy realista, ¿verdad? (al menos mis sueños no suelen serlo, sobre todo cuand... ¿Y a vosotros qué demonios os importan mis sueños?)... En definitiva: Boyle se encarga todo el rato de intentar romper la frontera entre la realidad y el sueño, haciéndonos dudar en varias ocasiones de si estamos viendo algo que ocurre en el plano real o en el onírico.

En definitiva: Trance es "absurda" en sus planteamientos si la analizas con ojo clínico, pero si la aceptas tal y como es, resulta entretenida.



Las interpretaciones son buenas en sus dos pilares fundamentales: James McAvoy (el profesor Xabier, en X Men: Primera generación, o Wesley Gibson, en Wanted) hace un papel creible como Simon, el subastador de obras de arte que pierde la memoria, al igual que Rosario Dawson (Gail, en Sin City, o Emily Posa, en Siete Almas) como Elizabeth, la hipnoterapeuta que intenta sacar ese recuerdo oculto de la mente de Simon.

Sin embargo, otros papeles como el de Franck, jefe de la banda de ladrones e interpretado por Vincent Cassel (Max Kerkerian, en Los ríos de color púrpura, o Kirill, en Promesas del este) no resultan del todo creibles y se quedan en la superficie.

A veces, es curioso ver los bailes de actores que se manejan a la hora de escoger a uno de ellos para un papel. En el caso de Simon, se barajó a Michael Fassbender y en el de Elizabeth, las mujeres en las que se pensaron fueron Zoe Saldana, Eva Green y Scarlet Johansson.

En este último caso, me alegro que se decidieran por Rosario Dawson, una mujer que me dejó hipnotizado cuando la ví por primera vez en la gran pantalla, interprentando a Gail, en Sin City... Además, en Trance se marca un desnudo integral (que puede venir a cuento, o no, según con la moralidad que quiera ver uno el film... Desde mi punto de vista, está bien metido en la trama) de esos que te dejan con la boca abierta pensando: ¡¡Madre mía!!


En fin... No me alargo más, ni os meto más la chapa, así que resumo...

La película merece la pena por el mero hecho de hacerte matar el rato. No esperéis un film deslumbrante, ni os planteeís otros temas que no os diga el director (si lo hacéis, saldréis de la película y ya no os creeréis nada). Dejáos llevar por batuta de Boyle para que el dinero que os habéis gastado en la entrada no os parezca un gasto absurdo.

Por cierto... A mí la película me salió gratis... Quizá por eso la disfruté más que de costumbre.



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